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Está claro que la creatividad en el mundo editorial está viviendo uno de sus mejores momentos. Primero las novelas para móvil que se comentaron anteriormente en el blog y ahora, también desde Japón, nos llega esta novedad editorial: una novela de terror impresa en los rollos de papel higiénico. 

¿Su autor? Pues de Koji Suzuki, ¿quién si no?, el escritor del best seller “The Ring” que una, vez llevado a la pantalla, se convirtió en la cinta más taquillera de la historia en Japón.

En un país donde la tradición concibe el aseo como uno de los lugares escuros de la casa debido a su religión y creencias, el concepto viene como anillo al dedo. 

La novela se titula ‘Drop’ y es una novela corta de terror que ya ha conseguido vender 80.000 ejemplares, con lo cual está cada vez más cerca de convertirse en otro best seller y acercándose a los 100.000 ejemplares, lo que la colocaría entre uno de los éxitos de ventas literarias del país.

Está visto que la ecuación de buena historia + buena estratégia de márketing… es dos veces buena. 

By: César Cantero

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Unos lo habrán vivido, otros lo habrán pensado y habrá quienes ni siquiera eso.

Con elegancia y a veces pequeñas dosis de humor el protagonista, Daigo Kobayashi (en un magnífico trabajo interpretativo de Masahiro Mutoki), se enfrenta al hecho de tener que dejar todo atrás para empezar de nuevo en su pueblo natal después de perder su empleo y tener que vender su violonchelo.

El azar, para unos, y/o el destino, para otros, lo conducen a trabajar en una agencia mortuoria, dedicada a maquillar fallecidos antes de los funerales. Acepta el trabajo, pues menos es nada, pero opta por ocultárselo a su mujer. Volver a la casa de su infancia y única herencia de su madre, se convierte en la apertura de una autopista de recuerdos con un peaje algo caro: el dolor.

A ese dolor hay que sumar el rechazo de sus allegados hacia su nuevo trabajo mientras en su interior crece la sensación de paz que ha hallado en él. Poco a poco, el hilo argumental muestra que ha encontrado su lugar en el gran puzzle de la vida, lo que le hace mantenerse firme ante la presión de su mujer, quien incluso lo abandona un tiempo.

En ese período Daigo estrecha su relación con su jefe. Un hombre sencillo que le hace comprender lo que en realidad puede llegar a ser el nuevo oficio descubierto. De nuevo, el azar (o el destino) hacen que se encuentre en el otro lado de su tarea laboral, al recibir la llamada de que su padre, al que no ves desde que los abandonó cuando él tenía seis años, ha fallecido.

Una vez más se lleva al cine una reflexión sobre la muerte, el más allá, a través de los ojos de una cultura diferente. El director Yojiro Takita consigue con ternura y delicadeza exponer algo que a veces se nos escapa: cuán importante puede llegar a ser la despedida de un ser querido, poniendo de manifiesto la necesidad de una comprensión, de una aceptación a veces poco dada en nuestra sociedad occidental.

Es un largometraje dedicado al amor, la familia, el descubrimiento y la esperanza, pero, sobre todo, es un film dedicado al “saber hacer”. Una trama sumergida en la gran tradición japonesa, teñida con la calma y la minuciosa precisión que diferencia a oriente de occidente. Suscita en el interior de uno mismo nuevos interrogantes e incluso hace que una vez más nos saquemos el sombrero ante la sabiduría de la tradición popular, transmitiendo en cada fotograma el respeto por las costumbres japonesas.

Un ligero estudio a la fotografía nos derivará a un reconocimiento de la genial virtud de su director, que juega con nuestra retina relacionando los colores de las escenas con lo que desea transmitir, relacionando objetos y conceptos con los elementos básicos. Toda una orquesta conceptual lo que nos puede llegar a recordar, aunque sin similitudes ni evidencias directas, a su vecino chino y genial cineasta Zhang Yimou.

By: César Cantero

Miau

¿Puede el dinero comprarlo todo? Desde luego que no. El tiempo no tiene precio. Que se lo pregunten si no a quienes alquilan mascotas por horas en Tokio a empresas especializadas en satisfacer esta curiosa demanda.

Las que más han crecido en los últimos tiempos son las llamadas ‘Gato Café’, locales donde los clientes pueden alquilar un felino por horas para acariciarlo y disfrutar de su compañía. Normalmente se trata de personas que, o bien tienen un pánico atroz al compromiso (hasta cuando se trata de un gato), o una carencia crónica y preocupante de tiempo.

El dinero no puede comprar las horas que son necesarias para cuidar a una mascota de verdad ni, por supuesto, el cariño de ésta. Que se lo pregunten sino a Kaori, una mesera de la capital japonesa que alquila un labrador una vez por semana y, durante unos instantes, vive la fugaz ilusión de que verdaderamente es su perro, hasta que lo devuelve a la tienda y ve cómo el chucho mueve la cola ante su próximo ‘alquilante’, olvidándose de ella en apenas un minuto.

Escarabajos, conejos, hurones, gatos y perros son algunas de las mascotas disponibles por unas horas. Visto lo visto, nadie se sorprenderá si decimos que también hay empresas que alquilan ‘parientes’ para pronunciar discursos en bodas o funerales, ‘esposos’ y hasta ‘padres’ temporales. Pero esa es otra historia.

By: César Cantero

Keitai Shosetsu

O, en japonés, tipo de literatura escrita mediante un teléfono móvil para ser leída en otro teléfono móvil. En inglés se conoce como novela de pulgares (thumb novel).

Las novelas Keitai son, en su inmensa mayoría, historias románticas breves escritas para adolescentes. La mayoría de ellas están escritas por jóvenes de entre 18 y 27 años, con poca o nula cultura libresca aunque sobrealimentados por los cómics, el manga y la cultura digital, por lo que el lenguaje se asemeja a sus fuentes en su inmediatez, economía de recursos y frescura.

Puede parecer un fenómeno nuevo, efímero y reducido a Japoón pero no lo es en absoluto, por tres razones: en primer lugar, la temática desciende directamente de la tradición japonesa, centrándose en relaciones difíciles, en una sexualidad complicada y en el sufrimiento, mucho sufrimiento. En segundo, el auge de los teléfonos de avanzadísima tecnología y de las redes sociales de comunicación rápida –Facebook, Twitter, etc.– hace que el uso del móvil para estar en contacto y leer sea algo completamente habitual. De hecho, hay sites en EE. UU. que ofrecen plantillas para publicar en teléfonos móviles. En tercer lugar, ya hay páginas web que registran tres millones de visitas mensuales y crean al mismo tiempo redes sociales de escritoras y lectoras, “en un gigantesco movimiento de autofagotización cultural“, como afirma el blogger del que hemos obtenido la información.

La clave de la aceptación masiva de este género que surgió el año 2000 con la novela ‘Deep Love’ de Yoshi es la posibilidad de participar en un tipo de literatura subestimada por la crítica y que no busca otra cosa que la expresión por la expresión y el ocio. Los lectores pueden, desde su propio móvil, enviar comentarios al autor (siempre anónimo) y en numerosas ocasiones alterar con ello el curso de la historia inicial. El éxito de este feedback es especialmente patente una de las obras creadas en la Red desde Japón, que empezó siendo una simple historia y tras se reescrita y ampliada por cientos de lectores llegó a convertirse en obra de teatro.

Es más, el 90% de las novelas para móviles acaban publicándose también en papel, con tiradas de hasta 200.000 ejemplares, imponiendo una revolución del formato escrito, ya que es éste el que se tiene que adaptar a al estructura de las pantallas y no al revés: enel las obras se mantienen los saltos de línea utilizados por los escritores para dar énfasis a ciertas partes de la narración, comiéndose interlineados o entre caracteres. Otra característica es que los novelistas de pulgares no exceden los 140 caracteres en cada emisión, aspecto que exige un máximo de depuración y síntesis, eliminando descripciones, desarrollo de los personajes y escenarios, y reduciéndose a un hilo de conversación tenso, cargado de contracciones lingüísticas, términos nuevos y emoticones.

Sí existe una conciencia del espacio entre caracteres o frases: por ejemplo, la saturación de palabras y los pocos espacios dan a entender al lector una conversación violenta mientras que un pasaje donde el espacio en la pantalla es amplio da a entender una conversación quieta.

Tranquilos, que también llegará a casa.

By: César Cantero